PROBLEMA NÚMERO 10
Tenía la tripa demasiado revuelta como para concienciarme de que me esperaba un viaje de 4 horas en tren. Odiaba viajar, odiaba los viajes largos, odiaba ser consciente de ello. Había probado con todo para no marearme; alguna vez tomé una aspirina y no tuvo efecto. También probé eso de ponerse una tirita en el ombligo, y tampoco funcionó. Mi hermana dice que cada vez que me encuentre mal debo cerrar los ojos y apuntar mi dedo menique al norte (aún no sé muy bien por qué).
Eran las 07.30 en punto cuando entré en el tren. Sus vagones eran viejos y el ruido que hacía perturbaba mi cerebro. Intenté alejarme de la gente, así que después de caminar a través de dos vagones, encontré mi lugar. Me senté y en seguida me di cuenta de que había elegido el peor sitio de todos. La silla tenía un chicle y no me percaté hasta que me senté. Me levanté, voceé, maldije a la persona que pegó su asqueroso Boomer sabor a menta en el asiento, y por fin, me fui a otro vagón.
Ese también estaba vacío. Me senté en la silla más próxima; cuando logré despegar el chicle de mi abrigo, el tren paró, era la siguiente parada. Entraron unas pocas personas. Cuando me quise poner los cascos, alguien me estaba hablando:
-Hola-me dijo totalmente mojado. Era un día de abril, y ya sabéis...Aguas mil-¿Puedo sentarme?-me preguntó.
-Sí, claro-respondí, a regañadientes, no quería que me mojase.
Tras un largo rato, comenzó a hablarme otra vez, nada más de que se terminaran las pilas de mi walkman. Charlamos sobre todo, sobre la vida misma, era un ser genial. Podría afirmar que me había enamorado de un anciano, Justo, se llamaba. Creo que durante toda su vida había sido una persona muy diplomática, su nombre lo describía a la perfección. Estaba algo disgustado con su nieto Jandro; me dijo que era un chico que cuidaba desde los conflictos entre sus padres. Me dijo que era un dejado, y que a pesar de su fracaso escolar, era un chico inteligente, que su único problema era la “h”; llevaba luchando una eternidad en la misma batalla, y que por eso decidió perder su tiempo tocando la guitarra en vez de inventando letras para canciones.
Nuestra conversación fue interrumpida por alguien que había llamado al pobre Justo. Se le veía disgustado. No me gusta pensar en lo que le voy a decir, pero sabía perfectamente que a ese anciano le quedaban pocos días de vida, es algo que se nota, malas vibraciones, supongo. Me daba lástima, así que cuando terminó su conversación con el individuo del teléfono (sí, masculino, escuché el tono de su voz) me apresuré y le pregunté:
-¿Qué le ocurre?
Era Jandro, no sé qué le llegó a decir. Nunca olvidaré el momento en el que el hombre se desplomó y calló al frío y mojado suelo del vagón. Empecé a gritar y a pedir ayuda, pero ya era tarde. Este hombre había muerto. Una parada cardiaca, me dijeron. Me hicieron preguntas, y fue poco lo que pude responder, ¡no lo conocía de nada!
Más tarde ví a su nieto, se le veía angustiado. Nos hallábamos más allá de Burgos y el chico no había tardado absolutamente nada en llegar. Le dí el pésame y traté de olvidarme de ese día. Lo que más me llamó la atención es que este chico me propuso tomar una cerveza con él-su agonía desapareció, no me preguntéis cómo-, y que me pidió el número de teléfono, y que esa misma noche la invertimos en hacer locuras cerca del anatómico forense de la mencionada capital.
PROBLEMA NÚMERO 11
-Creo que deberíamos parar, pensar, reflexionar y seguir caminando.
-¿Y eso por qué? Llevamos una vida muy ajetreada, no tenemos tiempo para hacer tonterías.
-De verdad, es un buen método.
-¿Un buen método para qué?
-Para observar.
-¿Observar?
-Sí, te pondré un ejemplo. Esta mañana hemos ido al supermercado a hacer las compras, ¿verdad?
-Sí, sigue.
-¿Te has fijado dónde se sitúa la puerta de la entrada?
-La verdad es que no...Pero, ¿qué tiene que ver el supermercado con esto?
-Escúchame, no seas impaciente. La puerta se situaba en la derecha; de hecho, todas las puertas de cualquier supermercado se sitúan en la derecha. ¿Por qué? El ser humano tiende a caminar hacia la derecha.
-Eso no es verdad...
-Al entrar en un supermercado siempre quedan las cajas en la izquierda. Tendemos a ir a la derecha. ¿No te das cuenta de que nos tienen totalmente manipulados?
-Parecemos ratas de laboratorio...
-Somos sus experimentos. Además, la comida más básica la sitúan en el fondo del local, así, observamos todos los demás productos por el camino, y obviamente, acabamos comprando lo que no nos hace falta.
-Como las patatas y las pipas de esta mañana...
-¿Y dónde se situaban?
-Cerca de la caja...
-Podría darte muchísimos ejemplos, pero como tú dices, llevamos una vida tan ajetreada que preferimos ser objeto de los más grandes...
PROBLEMA NÚMERO 12
Se enfrentó a la nada, al silencio, al viento, a la tormenta y a un pasado con una historia interesante. Jandro detestaba la multitud. Una mañana cualquiera decidió arrancar el coche para así poder llegar a un lejano lugar. Él, a duras penas, recordaba aquel solitario espacio, tenía algunas fotografías donde se le veía sonreír, pero aun no sobrepasaba los 115 centímetros de altura. Papá y mamá eran felices en aquel entonces, y nuestro protagonista, al parecer, también.
Nada había cambiado en aquel lugar; las mismas puertas, el mismo frío, y el mismo sentimiento: libertad con una pizca de lástima e indiferencia por todo lo que conllevaba estar allí. Había demasiadas tumbas, de todos los tamaños además, algunas eran de adultos y otras eran de niños, aunque ninguna alcanzaba la altura del chico, pues, esos "lechos" pertenecían al siglo XII, según habían concluido los historiadores, y en aquella época el ser humano era menos robusto.
Aquel derruido castillo perturbaba a Jandro...Desde allí se podía observar toda la comarca, se podía observar la vida a unos pocos kilómetros... Eso era exactamente lo que le molestaba, necesitaba sentirse lleno de aire puro, y sin embargo, se sentía totalmente vacío.
Al otro lado del castillo había un cementerio, del siglo XXI, obviamente. Pudo calcular entre doce o quince cadáveres, y unos dos ramos de flores por cada epitafio. Aquello era deprimente. Jandro dudó por unos instantes, y no supo si tomar el camino por el que había llegado a aquella altura sería la mejor opción...Podía haberse lanzado al vacío, pero era lo suficientemente cobarde para hacerlo. Tenía demasiados pájaros en la cabeza.
Jandro era un puto desgraciado.
PROBLEMA NÚMERO 13
-Bienvenido a nuestra empresa.
-Gracias.
-Empezará con un sueldo de 1000€, más adelante será de 2500.
-Entonces...¿Puedo empezar más adelante?
PROBLEMA NÚMERO 14
-Me encanta que estés tan enamorado de mí.
-¿Es que...Tú no lo estás de mí?
-¡Jajajaja, qué ocurrencias! ¡Pues claro que no!